Ingmar (Rojo)

La obra se plantea como un sistema de funcionamiento entre el espectador, el espacio y la obra, utilizando como medios la luz, la percepción y el lenguaje. Ingmar (Rojo) es una estructura con forma de pantalla de cine que en su cara frontal contiene un texto en neón, ubicado en el lugar de un subtítulo. En él se lee “No tengo nada que revelar”, frase tomada del Séptimo Sello (1957) de Ingmar Bergman, en un diálogo enunciado por la muerte frente a una pregunta de Antonius. La obra se instala en el espacio con su cara iluminada hacia el muro, creando un espacio iluminado mientras la contra cara se percibe como un rectángulo en penumbra con un halo de luz. Se plantea entonces un recorrido desde la cara en penumbra al espacio iluminado por el neón, para enfrentarse a un texto que no revela nada, y que solo pone la atención en el espacio vacío, ocupado por el visitante y la luz del neón.

Conceptualmente la obra se plantea desde la articulación de diferentes registros perceptivos en una experiencia unificada de un objeto. En concreto esto se manifiesta en el recorrido que uno hace desde la llegada a la sala, donde la estructura y la luz se comportan solo como elementos formales de un objeto externo a percibir. Posteriormente la disposición de la obra en la sala permite que se genere un espacio intermedio, donde la escultura deja de ser imagen y se vuelve arquitectura. El texto cierra la experiencia incorporando el plano lingüístico generando una narrativa discursiva y cultural de una experiencia principalmente perceptiva y abstracta. En el contexto de Hablar en Lenguas, Ingmar (Rojo) está planteada como una experiencia que transmuta entre lo visual, lo experiencial, y lo lingüístico, permitiendo un acercamiento al objeto desde diferentes registros de nuestra percepción.