Te Amo

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser ridículas“.

Fernando Pessoa

 

Atardecer sobre los cerros al interior de Atacama, sobrevuelan. De pronto el hallazgo, misterioso, provocador, un poema, una declaración de lenguajes sobrepuestos, síntesis del pasado de geoglifos y presente en extremo aventurado. Un absurdo, en medio de la nada, a kilómetros de la localidad más próxima, donde el soporte, como hoja en blanco, podría haber sido cualquier lugar cercano, tan intrigante como los geoglifos que acompañan el mensaje.

Algo hay en esta expresión que viene de la cultura de la posmodernidad, del sujeto con su ansiedad de expresión, que se encuentra accidental o intencionadamente con el hombre ancestral, que tal vez esté más preocupado de la trascendencia. Confluyen algo de la calle, agresivo y provocador con el zoomorfo chamánico. Un desafío a lo establecido, donde el deseo se expresa como reto a lo instituido. A primera vista nos parece impertinente, sin embargo en esta ocasión permitió darnos cuenta de lo latente que se nos devela en la inmensidad del paisaje para provocar nuestra imaginación: ¿Para quién es el mensaje? ¿Será para mí? ¿Será para nosotros? En esa gran inmensidad cualquiera se lo puede apropiar. Estos gestos de mensajes que podrían ser objeto de estudio de cientistas sociales, se detienen en la oportuna mirada del artista, del fotógrafo. Cada uno aferrado a sus dioses, el precolombino y su alpaca, el contemporáneo a su deseo, cual flama. Al final ambos comparten su llama. Aquí está el afán del autor con su declaración y manifestación de amor llevado a la magnificencia del territorio, que se presenta en lugar aislado, solitario, solamente en compañía de las figuras ancestrales que están presentes en el lugar, emplazadas en la cima de los cerros como un lenguaje común que se autoconstruyen para generar una provocación a quienes quieran mirar y reconocer desde su imaginario visual el misterio de su creación.