El temblor pasa y la montaña permanece

Elías Santis



2017
Óleo sobre tela
310 x 280 cm

El temblor pasa y la montaña queda es una de las únicas obras pictóricas que componen la selección de obras de esta bienal, y recoge la experiencia vivencial de Elías Santis, quien crea un puente simbólico entre el movimiento telúrico de la tierra y el sentimiento humano frente a la existencia. Santis describe la inspiración al crear su obra en el siguiente relato:

“En febrero del 2010 tuve mi primer experiencia con un temblor a las 3.00 am, mientras me encontraba pintando. Las luces se volvieron estroboscópicas y los árboles golpeaban sus copas de izquierda a derecha con el pavimento. Vi caer la cúpula de una iglesia y a los hombres y mujeres unidos en un intuitivo temor a la conmoción proveniente del cielo y la tierra.”

Huracán, terremoto, temblor: la montaña se sacude, se producen avalanchas de rocas sueltas, los pájaros alzan vuelo, las construcciones se tambalean, todo lo inestable se cae. Alguien se mantiene firme sosteniendo en sus manos lo esencial de su vida.

“Huracán, terremoto, temblor: ríen y gritan con aterradora alegría. El martillo golpea las conciencias dormidas. Cuando todo es borrascoso la claridad interna es la luz más potente, pero ¿cómo encontrarla? La conmoción se levanta desde el interior de la tierra. Alguien se mantiene firme y busca en su corazón aquello que, secretamente, pueda contradecir la voluntad del cielo.

“Huracán, terremoto, temblor: Y si el temblor es el propio humano haciendo pendular su existencia constantemente?”